La gozosa teología de la Navidad

Hoy vamos a extraer ocho lecciones importantes de Mateo 1:18-20 para gozarnos en la misericordia de Dios esta Navidad.

El texto se lee:

“El nacimiento de Jesucristo fue así:

“Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

“José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”.


¡Gloria a Dios por el milagro de la encarnación!

Aquí están las ocho observaciones:

En primer lugar:

La meta de Mateo en redactar su evangelio es convencer a sus compatriotas judíos de que Jesús de Nazaret es el Cristo, el mesías profetizado. Por eso arranca el libro en los primeros 17 versículos demostrando que Jesús, según su genealogía, es tanto “el hijo de Abraham” como “el hijo de David” (dos términos mesiánicos).

Y ahora, con el verso 18 del capítulo 1 comienza la acción. Por medio del relato de la concepción virginal de Cristo, Mateo demuestra que Jesús es el cumplimiento de una profecía mesiánica registrada en Isaías 7:14, “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel” (Mateo 1:23).

En segundo lugar:

Además de enseñarnos que Cristo es el mesías, el texto también revela que Jesucristo es más que el mesías. Según la profecía de Isaías 7:14, Jesucristo es Emanuel, que traducido es: “Dios con nosotros”.

Jesucristo es Dios. Es la segunda persona de la Trinidad encarnada. Mateo 1:21 también nos indicia que Jesucristo es Dios porque el ángel le dice a José que María, “dará a luz un hijo y llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

¿Quién puede salvar sino solo Dios? ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios? Así que al comenzar su evangelio, Mateo quiere que nos demos cuenta de que Jesús es alguien mucho más importante que el mesías. Es Dios encarnado. ¡Increíble!

En tercer lugar:

Al nacer de María, podemos defender el concepto de la humanidad de Cristo. El Cristo de las Escrituras no es una especie de fantasma como creía el docetismo. Si Cristo no hubiese asumido la naturaleza humana, no podría haber redimido a la descendencia caída de Adán.

En cuarto lugar:

Otro dato importante es que la obra del Espíritu en concebir a Cristo defiende la doctrina de la impecabilidad de Jesucristo. Cristo no fue concebido por la simiente de ningún hombre por lo tanto, no heredó una naturaleza pecaminosa. Si hubiese sido pecador, Cristo no habría podido ser nuestro Redentor.

Ahora bien, si es cierto que José no engendró a Jesús, ¿acaso no heredó Cristo la naturaleza pecadora de María? Aquí el Vaticano apela a la doctrina ficticia de la “Inmaculada Concepción”, aceptada como dogma en 1854, la cual enseña que María nació libre de pecado original.

El Nuevo Testamento, sin embargo, enseña que María era pecadora. Y no contesta la pregunta en cuanto a la relación entre la impecabilidad de Cristo y la pecaminosidad de su madre; pero la respuesta más sobria sería que Dios, de alguna manera soberana, guardó a la criatura Jesús de ser contaminado por el pecado su madre.

En quinto lugar:

Algunos creen que la concepción de Cristo es como una segunda creación, es decir, como si Cristo naciera como un Segundo Adán. De la misma forma que Adán no fue engendrado de hombre, Cristo tampoco.

Dios, en el principio, creó al varón a partir de la tierra virgen del Edén. Aquí en la encarnación, la tierra virgen es María. Y donde la primera mujer fue tomada del hombre; ahora el hombre es tomado de la mujer.

En sexto lugar:

En el pasaje citado vemos cómo el Espíritu Santo es capaz de generar vida en el vientre de la virgen. Y en este sentido, nos acordamos de la doctrina del Espíritu en Job y los Salmos donde se resalta la naturaleza creadora del Espíritu Santo. Al recalcar que la concepción de Cristo fue la obra del Espíritu, aprendemos que el Espíritu Santo es Dios ya que solamente Dios puede crear vida donde no la hay.

En séptimo lugar:

También podemos apreciar algo de la deidad del Espíritu por medio de la designación “Espíritu Santo” (vv. 18, 20). ¿Quién es santo sino solo Dios? La expresión “Espíritu Santo” no fue acuñada por Mateo sino que la encontró en el Antiguo Testamento, a saber, Salmo 51:11 e Isaías 63:10.

En octavo lugar:

Y el texto revela que el Espíritu Santo obra por medio de los fenómenos físicos tales como los cuerpos humanos. Si se ocupó de la encarnación del Hijo de Dios, quiere decir que el Espíritu entra en contacto con el mundo físico. No podemos relegar la obra del Espíritu a la esfera de la mente humana.

CONCLUSIÓN

Con respecto a Cristo aprendemos que: Él es el mesías, Él es Dios, Él es hombre, Él es impecable y Él es el Segundo Adán.

Y en cuanto al Espíritu, observamos que: Él crea vida por lo tanto es Dios, Él es santo por lo tanto es Dios y Él no solamente obra en la esfera espiritual sino también en el mundo de carne y hueso.

Una vez más: ¡alabado sea Dios por el milagro de la Navidad!

¡Feliz Navidad a todos, queridos seguidores!

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