Javier Pérez: El evangelio, la ideología de género y la guerra de los dos sexos

Vivimos entre permanentes manifestaciones de todo tipo reivindicando los derechos de las mujeres y un trato igualitario y no discriminatorio entre los sexos.

De veras, apoyo ese objetivo. Y quizá muchos cristianos deseen participar activamente en esas reivindicaciones. Entiendo que la decisión de hacerlo o no es un asunto de índole personal, pero sí quisiera compartir una reflexión al respecto.

Lamentablemente, la mayoría de esas reivindicaciones generan una auténtica guerra de sexos, y nacen del deseo de avanzar en la implantación de la ideología de género, al están parasitadas o directamente impulsadas por grupos radicales de corte supuestamente feminista e igualitario. Además, hay movimientos que egoístamente pretenden sacar provecho (votos y apoyos) o generar caos y desorden social.

Hay cristianos que, debido a esto, quizá piensan que debemos dar de lado a estas proclamas, pues las Escrituras son claras en cuanto al rol de los hombres y las mujeres, y el papel de la Iglesia es presentar esa realidad al mundo. Creo en esto pero, estas reivindicaciones ya están aquí y no va a irse. También es importante recordar que estamos llamados a evangelizar a toda criatura, y la sexualidad humana y el orden natural están más vinculados al evangelio de Cristo de lo que pensamos.

Cristo nos llama a que seamos sal y luz en el mundo, así que no desaprovechemos la oportunidad que estas manifestaciones y movimientos nos ofrecen para proclamar el evangelio con poder pero también siendo intencionales.

Comparto tres cosas a tener en cuenta:

1.- La ideología de género y la guerra de sexos están en contra del orden natural de Dios

Dios creó al ser humano varón y hembra, y les ordenó multiplicarse mediante sus facultades sexuales inherentes. En su Palabra, Él condena todo tipo de pecado como una perversión de ese orden natural, incluyendo el abuso y la discriminación hacia las mujeres, pero también condena negar las diferencias y capacidades entre sexos. Esta perversión del orden natural solo puede revertirla Dios, individual y cósmicamente, mediante el evangelio.

La ideología de género y la guerra de sexos están en contra de la verdad y su personificación en Jesucristo, quien afirmó que el ser humano había sido creado «varón y hembra» (Mt. 19:4), y quien manifestó el mismo respeto y atención amorosa tanto a mujeres como a hombres.

2.- La ideología de género y la guerra de sexos están en contra del plan redentor de Dios

Dios prometió que mediante el varón y la hembra vendría la simiente prometida, Cristo (Gn. 3:15). Y no solo Cristo, sino también todos aquellos que habían de creer en su evangelio para salvación. Es por medio de Él que, en la salvación de las almas de los seres humanos, no hay acepción de personas, ni tampoco entre «varón ni mujer» , porque todos son «uno en Cristo Jesús» (Gal. 3:28). Al ser salvas, las personas de ambos sexos se encuentran unidas a Cristo, y formamos su Iglesia, su novia.

3.- La ideología de género y la guerra de sexos están en contra de la realidad mística de la unión de Cristo con su Iglesia

Esta realidad está representada simbólica y físicamente por medio de la unión de un hombre y una mujer en el sagrado vínculo del matrimonio, teniendo cada uno roles distintos. El matrimonio contiene (o es forma) del evangelio.

Podríamos decir todo esto y mucho más. El hombre y la mujer fueron creados por y para gloria de Dios, y para la redención de estos en Jesucristo, quien creó a los dos y los hizo distintos de forma maravillosa y hermosa. Ambos, en sus diferencias y en sus similitudes, están creados a imagen y semejanza de Dios (Gn. 1:26), reflejando su divinidad en cada una de sus facetas. Ambos están llamados a ser uno en Cristo por medio del arrepentimiento y la fe en Él (Hch. 17: 30).

Nunca los hombres son más hombres ni las mujeres más mujeres que cuando están saturados de Cristo y su evangelio.

Por lo tanto estemos a favor de la igualdad de derechos y oportunidades, sí, y en contra del abuso y la discriminación; pero hagámoslo bíblicamente, de forma completa y no sesgada: orden natural, Palabra inspirada, y evangelio de Jesucristo. Todo (mujeres y hombres también) en definitiva es, y a un grado mayor en la eternidad será, una misma cosa en Cristo, porque por medio de Él, por Él, y para Él son todas las cosas.

Javier Pérez pastorea la Iglesia Bíblica Evangélica de Sabadell.

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