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Una carta desde la cárcel: ¿qué he aprendido del coronavirus?

El coronavirus me ha enseñado:

1.- Que el ser humano es tan poca cosa

Aquí estamos en España y seguimos encerrados en casa por causa de un virus que hace poco ni siquiera existía. Somos tan poca cosa. No somos tan grandes ni magníficos como pensamos. Espero que el coronavirus desinfle algo de nuestro ego occidental.

2.- Que el ser humano tiene que morir

En cuestión de una semana, la gente de mi generación por primera vez está pensando seriamente en la muerte. Por fin nos damos cuenta de que no vamos a vivir para siempre. Y por la gracia divina, esta inquietud podría llevar a muchos a clamar al Dios de nuestros padres.

3.- Que la gracia común de Dios es inmensa

Ante todas las perversiones que se han venido imponiendo en las naciones noratlánticas a lo largo de los últimos diez años, es una maravilla de la gracia común de Dios que no hemos sido consumidos todavía. Además, hemos visto tantísimos actos de solidaridad humana en la última semana que sería absurdo pensar que la misericordia de Dios nos ha desamparado.

4.- Que Dios no será burlado

Todo lo que el Todopoderoso tiene que hacer para paralizar nuestro mundo es dar la palabra. No hay nada difícil para Él. Cuando el Señor se levanta, los gobernadores tiemblan. Los ciudadanos entran en pánico. En la Segunda Venida, sucederá lo mismo. Dios lleva mucho tiempo sin azotar nuestro continente de Europa. Un poco de disciplina nos vendría muy bien.

5.- Que Cristo es todo suficiente

Qué maravilloso es ver cómo el pueblo de Dios –en medio de tanta ansiedad- vive con la perfecta paz del Señor. Veo cómo mis hermanos en la fe florecen en el desierto. Reverdecen como árboles plantados junto a corrientes de agua. Tienen vigor en el alma. Su corazón brilla. Su Padre celestial les está santificando y embelleciendo.

6.- Que nada puede detener la iglesia

Aquí estamos encerrados; pero el evangelio sigue siendo predicado. En Italia, varios grupos de creyentes han tocado alabanzas en las terrazas de sus casas para que sus vecinos no convertidos escuchen. Me encanta la sencillez de la evangelización. En Europa, ¿cuántos eventos y libros innecesarios hay sobre ‘Cómo ser relevantes en el siglo XXI’, etc.? Todo lo que hace falta es un corazón de adorador. El coronavirus puede paralizar ciudades y naciones enteras; pero no podrá detener las alabanzas del pueblo redimido por soberana gracia. ¿Sabes por qué? Porque las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia.

Conclusión

Esta noche me acuesto feliz, muy feliz. Dios está haciendo maravillas en nuestro mundo. ¡Qué gozo ser cristiano en estos tiempos!

¡Qué bueno saber que el ser humano es tan poca cosa, que la gente se está dando cuenta de que tiene una fecha pendiente con la muerte, que la gracia común de Dios es inmensa, que Dios no será burlado, que Cristo es todo suficiente y que nada -¡pero NADA, ni siquiera la temible COVID-19!- puede detener el avance la iglesia!

¡Firmes y adelante, huestes de la fe! ¡Sin temor alguno, que Jesús nos ve!

Buenas noches desde Almería,

Encarcelado pero gozoso,

Pastor Will Graham


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