Jesús Manuel Sánchez: «Dios es nuestro refugio en la tempestad»

“Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás…”

~Jonás 1:17

Para los que bien conocen el libro de Jonás, en el primer capítulo se describe como el profeta rebelde huyó de la presencia de Dios, y Dios lo persiguió con una gran tempestad.

Jonás es mandado por Dios hacia Nínive, pero este decide desobedecer a Dios cogiendo un barco que le llevaba a la dirección opuesta donde Dios le había mandado, a Tarsis.

Dios provoca una gran tempestad en el mar donde navegaba Jonás, y este fue echado al mar donde Dios, le tenía preparado un gran pez que lo tragase.

Hoy vivimos en medio una pandemia, y el mundo sigue haciendo igual que Jonás, van montado en el barco que se dirige hacía Tarsis, cuando Dios ha mandado que nos dirijamos a Nínive.

Lo que está pasando en este momento con la pandemia del Coronavirus, es un tanto peculiar, ya que podríamos ilustrar la historia de Jonás con todo esto.

Hoy muchos ante esta pandemia actúan igual que los marineros que iban en el barco con Jonás, que no se arrepintieron aun viendo la tempestad, viendo la ira de Dios, igual que el patrón del barco inquietó a Jonás diciéndole“levántate, y clama a tu Dios; quizás el tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos” (Jonás 1:6); en otras palabras “esto es culpa de Jonás y no nuestra”, o en el peor de los casos:“esto es tu culpa Dios que has mandado la pandemia, y somos inocentes”.

En el barco donde iba Jonás, nadie dijo “quizás deban de echarme al mar con Jonás” o “no solo es culpa de Jonás, sino de todos los que estamos aquí ya que hemos provocado a Dios en ira con nuestras desobediencias”. Pero no fue así, todos apuntaban a Jonás como culpable de “sus desgracias”.

Después de que la “suerte” cayera sobre Jonás, este dijo “Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará” – Jonás 1:12

Muchos se entretienen en esta tempestad emborrachándose, distrayéndose con otros pecados, pero pocos dicen“Tomadme y echadme al mar,es culpa mía”

Pero sobre todo, una vez más se demuestra que el Coronavirus ni nada parecido, llevará al pecador a los pies de Cristo, sino sólo el evangelio de Jesucristo.

Oramos que el Señor use esta pandemia para que muchos se rindan y sean “echados al mar” donde hay esperando un gran pez para que sean protegidos de esta tempestad.

Cristo dice “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. – Mateo 11:28

Por esto mismo, Cristo es el pez que fue preparado para los que responden ante la ira de Dios buscando un salvador en medio de esta tempestad. Cristo es el remedio sobre el verdadero problema que sufre la humanidad, y no es el Coronavirus, sino la ira de Dios.

Este Coronavirus podemos tomarlo como una pequeña representación del juicio de Dios, como la tempestad que sufrieron Jonás y los marineros, pero la ira de Dios se manifestará en el día del juicio, y todos aquellos que no hayan sido echados en el gran pez para ser protegidos de la ira de Dios, serán juzgados y condenados eternamente.

Cristo es el gran pez que guarda al pecador de la gran tempestad, de la ira de Dios.

Cristo es el arca en medio del gran diluvio que nos protege, nos guarda, y nos lleva hacia la ciudad celestial.

Cristo es el ángel de Jehová que acampa alrededor de los que le temen y los defiende.

Cristo es nuestro gran refugio en medio de cualquier tempestad, incluso en medio delCoronavirus.

Gloria a nuestro buen Dios por haber puesto a nuestro “gran pez” en medio de nuestra tempestad, y descansamos, no en la cura de una enfermedad, sino descansamos en la cura de nuestra gran enfermedad: nuestro pecado.

Gloria a nuestro buen Dios por haber puesto nuestra medicina, nuestra cura, nuestro pez, nuestro Salvador y Señor Jesucristo en propiciación por nuestros pecados, en medio de la ira de Dios.

Blog Jesús Manuel Sánchez Pereña

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.