Fallece J.I. Packer (1926-2020) a los 93 años

El conocido teólogo evangélico J.I. Packer ha fallecido a la edad de 93 años.

Hoy, en honor a su legado, quisiera compartir 93 citas sacadas de su best seller El conocimiento del Dios santo.

1.- Dios ha hablado al hombre, y la Biblia es su palabra, la que nos ha sido dada para abrir nuestros entendimientos a la salvación.

2.- Dios es Señor y Rey sobre su mundo; gobierna por sobre todas las cosas para su propia gloria, demostrando sus perfecciones en todo lo que hace, a fin de que tanto hombres como ángeles le rindan adoración y alabanza.

3.- Dios es Salvador, activo en su amor soberano mediante el Señor Jesucristo, con el propósito de rescatar a los creyentes de la culpa y el poder del pecado, para adoptarlos como hijos y bendecirlos como tales.

4.- Dios es trino y uno; en la deidad hay tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; y en la obra de salvación las tres personas actúan unidas, el Padre proyectando la salvación, el Hijo realizándola, y el Espíritu aplicándola.

5.- La santidad consiste en responder a la revelación de Dios con confianza y obediencia, fe y adoración, oración y alabanza, sujeción y servicio. La vida debe verse y vivirse a la luz de la Palabra de Dios. Esto, y nada menos que esto, constituye la verdadera religión.

6.- No puede haber salud espiritual sin conocimiento doctrinal; pero también es cierto que no puede haber salud espiritual con dicho conocimiento si se lo procura con fines errados y se lo estima con valores equivocados.

7.- Nuestra meta al estudiar la deidad debe ser la de conocer mejor a Dios mismo.

8.- Debemos procurar que el estudio de Dios nos lleve más cerca de Él. Con este fin se dio la revelación, y es a este fin que debemos aplicarla.

9.- La meditación es la actividad que consiste en recordar, pensar y reflexionar sobre todo lo que uno sabe acerca de las obras, el proceder, los propósitos y las promesas de Dios, aplicando todo a uno mismo.

10.- Cuando Pablo dice que estima todas las cosas que perdió como basura, no quiere decir simplemente que no las considere valiosas sino que tampoco las tiene presentes de forma presente en la mente: ¿qué persona normal se pasa el tiempo soñando nostálgicamente con la basura? Y, sin embargo, esto es justo lo que muchos de nosotros hacemos. Esto demuestra lo poco que en realidad poseemos en lo que se refiere a un verdadero conocimiento de Dios.

11.- Quienes conocen a Dios despliegan gran energía para Dios. […] Mientras su Dios está siendo desafiado o desoído, no pueden descansar, sienten que tienen que hacer algo; la deshonra que se está haciendo al nombre de Dios los impulsa a la acción.

12.- Quienes conocen a Dios piensan grandes cosas de Dios.

13.- No hay paz como la de aquellos cuya mente está poseída por la total seguridad de que han conocido a Dios, de que Él los ha conocido a ellos, y de que dicha revelación garantiza para ellos el favor de Dios durante la vida, a través de la muerte, y de allí en adelante por toda la eternidad.

13.- ¿Para qué hemos sido hechos? Para conocer a Dios.

14.- El conocer a Dios comprende: primero, el escuchar la Palabra de Dios y aceptarla en la forma en que es interpretada por el Espíritu Santo para aplicarla a uno mismo; segundo, tomar nota de la naturaleza y el carácter de Dios, como nos los revelan su Palabra y sus obras; tercero, aceptar sus invitaciones y hacer lo que Él manda; y cuarto, reconocer el amor que nos ha mostrado al acercarse a nosotros y al relacionarnos consigo en esa comunión divina.

15.- Conocer a Jesús significa ser salvo por Jesús, ahora y eternamente, del pecado, de la culpa, de la muerte.

16.- El conocer a Dios es un asunto de gracia. Es una relación en la que la iniciativa parte invariablemente de Dios, como debe serlo, por cuanto Él está tan totalmente por encima de nosotros y por cuanto hemos perdido por completo todo derecho a su favor al haber pecado. No es que nosotros nos hagamos amigos de Dios; Él se hace amigo de nosotros, haciendo que lo conozcamos mediante el amor que nos manifiesta.

17.- Hay un gran motivo para la humildad en el pensamiento de que Él ve todas las cosas torcidas que hay en mí y que los demás no ven (¡de lo cual me alegro!), y en que ve más corrupción en mí que la que yo mismo veo (aunque lo que veo me basta). Pero hay también un gran incentivo para adorar y amar a Dios en el pensamiento de que, por alguna razón que no comprendo, Él me quiere como amigo, anhela ser mi amigo, y ha entregado a su Hijo a morir por mí a fin de concretar este propósito.

18.- Con cuánta frecuencia se oye decir frases como estas: “Me gusta pensar en Dios como el gran Arquitecto (o Matemático o Artista)”. “Yo no pienso en Dios como Juez; me gusta pensar en Él simplemente como Padre”. Por experiencia sabemos que afirmaciones de esta clase constituyen un preludio a una negación de algo que la Biblia nos dice acerca de Dios. Se hace necesario decir con la mayor firmeza posible que quienes se sienten libres para pensar en Dios como a ellos les gusta están quebrantando el segundo mandamiento.

19.- No podemos conocer a Dios a menos que Él mismo nos hable y nos diga cómo es.

20.- El niño que nació en Belén era Dios. Más precisamente, para decirlo en el lenguaje bíblico, era el Hijo de Dios, o, como lo expresa invariablemente la teología cristiana, Dios Hijo. El Hijo, nótese, no un hijo.

21.- El misterio de la encarnación es realmente insondable. No lo podemos explicar; solo podemos formularlo.

22.- La significación crucial de la cuna de Belén radica en el lugar que ocupa en la secuencia de pasos que condujeron al Hijo de Dios a la cruz del Calvario, y no podemos entender el mensaje a menos que lo veamos en dicho contexto.

23.- Cuando Pablo dice que el Hijo se vació de sí mismo y se hizo pobre, lo que quiere decir, como lo demuestra el contexto en cada caso, es que hace a un lado no sus atributos y poderes divinos, sino su gloria y su dignidad divinas, “aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).

24.- De no haber sido por la obra del Espíritu Santo no hubiese habido ni evangelio, ni fe, ni iglesia, ni cristianismo en el mundo.

25.- Nadie puede demostrar la verdad del cristianismo salvo el Espíritu Santo, mediante su propia y todopoderosa obra de renovar el corazón enceguecido.

26.- Los testigos humanos de Cristo deben aprender a cifrar sus esperanzas de éxito no en una hábil presentación de la verdad por el hombre sino en la poderosa demostración de la verdad por el Espíritu.

27.- Sin el Espíritu no habría un solo cristiano en el mundo.

28.- El carácter de Dios es hoy, y lo será siempre, exactamente lo que fue en los tiempos bíblicos.

29.- Dios no le debe misericordia a nadie.

30.- Lo que Dios hace en el tiempo, lo planificó desde la eternidad. Y todo lo que planificó en la eternidad, lo lleva a cabo en el tiempo. Todo lo que se ha comprometido a hacer en su Palabra se cumplirá infaliblemente.

31.- Los hombres de nuestra época, sin bien tiene una gran percepción del hombre mismo, tienen un concepto bastante bajo de Dios.

32.- ¿Cómo podemos formarnos una idea exacta de la grandeza de Dios? La Biblia nos indica dos pasos que debemos dar con este fin. El primero es eliminar de nuestros pensamientos sobre Dios limitaciones que pueden empequeñecerlo. El segundo es compararlo con poderes y fuerzas que nos parecen grandes.

33.- El mundo nos empequeñece a todos, pero Dios empequeñece al mundo.

34.- Dios no nos ha abandonado, así como no había abandonado a Job. Jamás abandona a la persona hacia quien dirige su amor; tampoco Cristo, el buen pastor, pierde jamás la huella de sus ovejas. Es tan falso como irreverente acusar a Dios de olvidar, de pasar por alto, de perder interés en la situación y las necesidades de su pueblo.

35.- ¿Qué es lo que busca Dios? ¿Cuál es su meta? ¿Qué es lo que se propone? Cuando Dios hizo al hombre, su propósito era que este lo amase y lo honrase, alabándolo por la complejidad maravillosamente ordenada y variada de su mundo usufructuándolo según la voluntad del Señor, y disfrutando tanto el mundo como de Él.

36.- A nosotros nos pueden resultar francamente desconcertantes algunas de las cosas que nos ocurren, pero Dios sabe muy bien lo que está haciendo y lo que busca, y nuestros asuntos están en sus manos. Siempre, y en todo, Dios obra con sabiduría.

37.- Job conoce ahora en el cielo todas las razones de por qué fue afligido, aun cuando nunca llegó a saberlo durante su vida.

38.- ¿Cómo hemos de hacerle frente a estas situaciones desconcertantes y difíciles si no podemos por el momento saber cuál es el propósito divino que hay detrás? Primero, tomándolas como de Dios, y preguntándonos cómo nos indica el evangelio de Cristo que debemos reaccionar frente a ellas y en medio de ellas; segundo, buscando el rostro de Dios en forma concreta en procura de luz.

39.- Ahora, en cumplimiento de su plan de redención, Dios obra en los creyentes cristianos con el fin de reparar esa imagen [de Dios] arruinada, renovando en ellos dichas cualidades. Esto es lo que quiere decir la Escritura cuando afirma que los cristianos están siendo renovados a la imagen de Cristo y de Dios.

40.- Es de temer que muchos cristianos se pasan toda la vida en una actitud mental en la que anida el orgullo y la presunción, de tal modo que jamás pueden alcanzar la sabiduría de Dios.

41.- La Palabra que Dios nos dirige directamente a nosotros es un instrumento no solo de gobierno sino también de comunión.

42.- El relajamiento sexual no nos hace más hombres, sino todo lo contrario; embrutece y destroza el alma. Lo mismo puede decirse de cualquier mandamiento de Dios que tienda a descuidarse.

43.- La teología liberal, con su negativa a identificar las Escrituras con la Palabra de Dios, nos ha privado en buena medida del hábito de meditar en las promesas, de fundar nuestras oraciones en ellas, y de aventurarnos a encarar con fe la vida de todos los días solo en la medida en que nos lo permiten las promesas.

44.- La conciencia [del cristiano], como la de Lutero, está cautiva a la Palabra de Dios, y aspira, como el salmista, a que su vida toda esté en línea con ella.

45.- Conocer el amor de Dios equivale en realidad a tener el cielo en la tierra.

46.- Nos hemos vuelto obsesivos hoy en día con los ministerios esporádicos y no universales del Espíritu, en detrimento de sus ministerios corrientes y generales. Por ejemplo, mostraos mucho más interés en los dones de curación y de lenguas –dones que, como lo indicó Pablo, no son ciertamente para todos los cristianos- que en la obra corriente del Espíritu en impartir paz, gozo, esperanza y amor mediante el derramamiento en nuestro corazón del conocimiento del amor de Dios.

47.- El avivamiento consiste en que Dios restaure en el seno de una iglesia moribunda, de un modo fuera de lo común, las normas de vida y experiencia cristianas que para el Nuevo Testamento son enteramente comunes.

48.- La expresión “Dios es amor” no encierra la verdad total acerca de Dios en lo que respecta a la Biblia. […] Es perverso citar la declaración de Juan, como lo hacen algunos, como si con ella pusiera en tela de juicio el testimonio bíblico de la justicia de Dios.

49.- El Dios que es amor es, primera y principalmente, luz, y las ideas sentimentales de que su amor sea blandura indulgente y benevolente, divorciado de toda norma y consideración morales, deben quedar excluidas de entrada. El amor de Dios es un amor santo. El Dios a quién Jesús dio a conocer no es un Dios que sea indiferente a la distinciones morales, sino un Dios que ama la justicia y odia la iniquidad.

50.- El amor de Dios es un ejercicio de su bondad hacia los pecadores individuales, por el cual, habiéndose identificado con el bienestar de los mismos, ha dado a su Hijo para que fuese Salvador de ellos, y ahora los induce a conocerlo y a gozarse en Él en una relación basada en un pacto.

51.- Dios ama a los hombres porque ha elegido amarlos.

52.- Dios era feliz sin el hombre antes de que el hombre fuese creado; y hubiera seguido siendo feliz si se hubiese limitado simplemente a destruir al hombre después que pecó.

53.- Dios salva, no solo para su gloria, sino también para su felicidad.

54.- El hombre moderno […], al igual que los paganos (y el corazón del hombre moderno es pagano, de eso no tengamos dudas), imagina a Dios como si fuera una imagen magnificada de él mismo y supone que Dios comparte su propia complacencia consigo mismo. La idea de que él puede ser una criatura que ha perdido la imagen de Dios, un rebelde contra la ley divina, culpable y sucio a la vista del Señor, y digno de su condenación, jamás se le ocurre.

55.- El evangelio se centra en la justificación; es decir, en la remisión de pecados y en la consecuente aceptación de nuestra persona. La justificación es la transición verdaderamente dramática del estado del criminal condenado que espera una terrible sentencia, al de un heredero que espera una herencia fabulosa.

56.- La justificación viene por fe; se produce en el momento en que el hombre pone su confianza en forma incondicional en el Señor Jesucristo como su Salvador.

57.- Si el plan de salvación se ha de cumplir ineludiblemente, el futuro del creyente está asegurado. […] No necesita atormentarse con el temor de que su fe fracase; como la gracia lo encaminó hacia la fe en primer término, así también la gracia lo ayudará a mantenerse en la fe hasta el final.

58.- Se ha dicho que en el Nuevo Testamento la doctrina es gracia, y la ética gratitud; algo anda mal con cualquier forma de cristianismo en el que, experimental y prácticamente, no se verifique este dicho.

59.- Quienes suponen que la doctrina de la gracia de Dios tiende a favorecer el relajamiento moral […] demuestran simplemente, que en el sentido más literal, no saben lo que están diciendo.

60.- Si examinamos el Nuevo Testamento, aun del modo más superficial, encontramos de inmediato que el énfasis del Antiguo Testamento relativo a la acción de Dios como Juez, lejos de reducirse, se acentúa.

61.- Un juez injusto, que no tiene interés en asegurarse de que el bien triunfe sobre el mal, constituye, según las normas bíblicas, una monstruosidad.

62.- La indiferencia moral sería una imperfección en Dios, no una perfección.

63.- El don de la justificación protege indudablemente a los creyentes de la condenación y de la expulsión de la presencia de Dios como pecadores.

64.- El hecho es que el tema de la ira divina se ha convertido en un tabú en la sociedad moderna; y en general los cristianos han aceptado el tabú y se han acomodado de tal modo que jamás mencionan la cuestión.

65.- La Biblia podría llamarse el libro de la ira de Dios, porque está llena de descripciones de castigo divino.

66.- ¿Es posible que la desobediencia a nuestro Creador realmente merezca un castigo tan grande y atroz? La respuesta es que todo el que haya sido convencido de pecado alguna vez sabe sin la menor sombra de duda que sí, y sabe también que aquellos cuya conciencia no ha sido despertada aún para comprender, como lo expresó Anselmo, “qué pesado es el pecado” no tienen derecho a opinar.

67.- La gente se ha acostumbrado a seguir sus propios presentimientos religiosos más bien que a aprender de Dios en su propia Palabra.

68.- Aprendamos a no dar por sentados los beneficios naturales, capacidades y deleites; aprendamos a darle gracias a Dios por todo.

69.- Por su muerte expiatoria a favor de nuestros pecados Cristo apaciguó la ira de Dios.

70.- ¿Qué es un cristiano? Esta pregunta puede contestarse de muchas maneras, pero la respuesta más idónea que conozco es la de que cristiano es aquel que tiene a Dios por Padre.

71.- “A lo mejor chocamos,” dijo la niña preocupada mientras la familia se desplazaba entre el tránsito en su automóvil. “Confía en papá; es un buen conductor,” dijo la madre. La niña se sintió segura y se relajó inmediatamente. ¿Confiamos nosotros en nuestro Padre celestial de este modo? Y si no, ¿por qué? Ese tipo de confianza es vital; constituye en verdad el móvil principal de la vida de fe; sin esa confianza, la fe deriva hacia la incredulidad.

72.- El cristianismo del Nuevo Testamento es una religión de esperanza, una fe que mira hacia adelante. Para el cristiano lo mejor está siempre por delante.

73.- No es cuando nos esforzamos por sentir cosas o tener experiencias, de cualquier tipo, que la realidad del ministerio del Espíritu se hace visible en nuestra vida, sino cuando buscamos a Dios mismo, buscándolo como nuestro Padre, atesorando su comunión, y descubriendo en nosotros mismos un creciente deseo de conocerlo y serle agradables.

74.- La justificación significa el perdón de todo pecado: pasado, presente y futuro.

75.- Si bien es cierto que la justificación libra a la persona para siempre de la necesidad de guardar la ley, o de intentarlo, como medio de ganar la salvación, es igualmente cierto que la adopción obliga a guardar la ley, como forma de agradar al nuevo Padre que hemos obtenido. El guardar la ley es un aspecto de la semejanza familiar de los hijos de Dios.

76.- Soy hijo de Dios. Dios es mi Padre; el cielo es mi hogar; cada día que pasa es un día más cerca. Mi Salvador es mi hermano; todo cristiano es mi hermano también.

77.- Dios busca su propia gloria en nuestra vida, y Él es glorificado en nosotros únicamente cuando acatamos su voluntad.

78.- El error básico está en pensar en la dirección divina como si fuese especialmente un impulso interno que da el Espíritu Santo, desligado de la Palabra escrita. Esta idea, que es tan vieja como los profetas falsos del Antiguo Testamento […] es un semillero en el que pueden brotar toda clase de fanatismos y necedades.

79.- Dios no nos cuenta siempre el porqué ni el para qué de las frustraciones y pérdidas que son parte integrante de la vida guiada por Él.

80.- No hay nada antinatural […] en el aumento de las tentaciones, los conflictos y las presiones cuando el cristiano aprende a andar con Dios; todo lo contrario, algo estaría mal si así no ocurriese.

81.- Los apóstatas no regenerados pueden ser a veces almas alegres, pero invariablemente el cristiano que se descarrila se siente miserable.

82.- ¿Qué es la gracia? En el Nuevo Testamento, la gracia significa el amor de Dios en acción para con los hombres, que merecían lo opuesto del amor. La gracia significa que Dios se mueve en los cielos y tierra para salvar a los pecadores, que no podían mover un dedo para salvarse a sí mismos. La gracia significa que Dios envía a su Hijo unigénito a descender al infierno en la cruz para que nosotros los culpables pudiéramos ser reconciliados con Dios y recibidos en el cielo.

83.- La falta de realidad en la religión es una cosa maldita. […] La falta de realidad para con Dios es la enfermedad que arruina en gran medida al cristianismo moderno.

84.- El hombre sabio lee la Biblia como la carta personal de Dios a cada uno de sus hijos espirituales, y por lo tanto, dirigida a él mismo como a cualquiera otra persona.

85.- Piensen en lo que saben acerca de Dios por el evangelio, dice Pablo, y aplíquenlo. Piensen sin dejarse arrastrar por los sentimientos; si los sentimientos los han sumido en la depresión salgan de ese estado con argumentos apropiados; desenmascaren la incredulidad que dicho estado ha provocado; aparten la vista de los problemas y miren al Dios del evangelio; dejen que el pensamiento evangélico corrija el pensamiento emocional.

86.- La fe es algo que parte de nosotros, pero la realidad teológica de la misma es que se trata de la obra de Dios en nosotros.

87.- Somos llamados a ser mansos, personas que no se empeñan en defender invariablemente sus derechos, preocupados por salirse con la suya, acongojados por los malos tratos y los desaires personales […]; sino que sencillamente hemos de remitir la causa a Dios y dejar en sus manos la vindicación cómo y cuándo Él lo estime conveniente, si es que le parece conveniente hacerlo.

88.- Sabemos muy bien la clase de vida que Cristo quiere que vivamos […] pero, ¿vivimos así?

89.- Cuando se trata de abandonarnos libre y alegremente al servicio de Cristo, titubeamos. ¿Por qué? Por nuestra incredulidad, pura y sencillamente.

90.- La pérdida de la justificación es inconcebible; y esto es lo que debe repetirse constantemente el creyente, como mensaje de Dios.

91.- El amor del que habla Pablo [en Romanos 8] es amor que salva, y el Nuevo Testamento no permite que hombre alguno suponga que este amor divino lo abraza, a menos que haya acudido como pecador a Jesús y haya aprendido a decirle a Jesús, junto con Tomás, “Señor mío y Dios mío”.

92.- Nuestra fe no va a faltar mientras Dios la sustente.

93.- Dios es suficiente […] en el sentido de que conociéndolo de forma plena nos sentiremos plenamente satisfechos sin que necesitemos ni deseemos nada más.

Pastor Will Graham – Almería

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