José Hutter: «Vamos a trasladarnos a Alemania por un tiempo indefinido»

Ha llegado el momento: en esta semana vamos a trasladarnos a Alemania por un tiempo indefinido. La razón es sencilla y fácil de explicar: queremos estar más cerca de nuestros padres para poder serles de ayuda, en el momento que la precisen. En los últimos 34 años no los hemos visto mucho. Sin embargo, ellos han aportado su parte importante para facilitar nuestro ministerio en España. Ahora ha llegado el momento de devolverles algo de este sacrificio. Y es mejor tomar las decisiones cuando uno está a tiempo.

Parece mentira que han pasado los días tan rápidamente desde que llegamos en un día de noviembre de esos típicos de Madrid, con las hojas ya cayendo, en el barrio de Vicálvaro.

España era otro país hace 34 años. No sé si mejor o peor, pero era distinto. La barra de pan se compraba a 18 pesetas, seis kilos de naranjas por 180. Se fumaba hasta en los hospitales y el bonobús para la línea 106 los vendían en el Banesto. Aún vivían tres generaciones en un piso y nadie se quejaba. La gente tenía tiempo para hablar. Eran los años cuando Madrid parecía un pueblo muy, muy grande.

Aprendimos a amar este país con sus contradicciones y desafíos de todos los días. Pero sobre todo a la gente de esta tierra. Sí, aprendimos mucho en este crisol de culturas que tiene más historia sobre sus espaldas que es capaz de llevar.

Y seguramente recibimos más de lo que hemos podido dar. Forma parte de la generosidad e idiosincracia española. Cambiamos en este tiempo hasta tal punto que el país al que regresamos se ha convertido en un extraño para nosotros.

Sin embargo, no es un adiós. Es un hasta pronto. Porque los últimos meses nos han enseñado que uno puede hacer mucho a distancia. Y como lo mío es la enseñanza, se enseña perfectamente a distancia hasta que los tiempos cambien – y después también.

Si Dios lo permite, viajaré con frecuencia a España. Además, Iberia me debe aún algunos vuelos. Esto no va a cambiar en lo que de mí depende. Por supuesto sigue nuestro compromiso con Cuba y sus iglesias.

Son tiempos donde hay que ser flexible. Mi oficina cabe en un portátil, mi equipaje de mano está siempre preparado y tengo el aeropuerto de Stuttgart a 10 minutos.

Y hasta que nos veamos en uno de estos viajes, dejadme decir gracias por vuestro apoyo y amistad. También por aguantar opiniones y enseñanzas discrepantes.

Seguiré escribiendo, tanto en Protestante Digital, como en mi muro. Seguiré con seminarios online y tengo algunos proyectos en la mente que espero puedan llevarse acabo en un futuro. Desde luego quedará lejos para mi pensar en retirarme. Una pensión de todos modos no me espera.

También seguiré exponiendo y defendiendo mis convicciones. Y lo haré con absoluta independencia de las personas y – espero – en dependencia de Aquel a quien en algún momento tendré que rendir cuentas. No me caso con nadie. Intento pensar por mí mismo y me reservo el derecho de cambiar de opinión. No temo la crítica y me asustan los aplausos.

Por lo tanto, el idioma de Cervantes seguirá siendo mi herramienta principal, sea por el medio que sea.

Por medio de Facebook estaremos en contacto. Pero lo que es más importante aún: por medio de la redención de Cristo estaremos juntos para siempre.

Y si alguna huella que valga la pena he podido dejar en estos 34 años, si algún grano aportar, el Señor lo ha hecho – no por mí – sino a pesar de mí.

Lo dicho: no es un adiós, sino un hasta luego. Sencillamente, un saludo en el camino.

José Hutter

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