Juan Sánchez Araujo: Dios lo ha hecho todo

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Hay veces cuando la Biblia nos sorprende. ¿Será verdad que Dios está detrás tanto del bien como del mal que ocurre en el mundo? “No hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto” (Isaías 45:6-7).

Por encima de las buenas o malas intenciones y de las buenas o malas acciones de los seres humanos, Dios está llevando a cabo el propósito que siempre tuvo para su creación. El plan que Él trazó desde el principio para este mundo y para el hombre y la mujer ─ambos hechos a su imagen y semejanza[1]─ se cumplirá.

Antes de que Dios formase los cielos y la tierra ya había determinado todo lo que estos llegarían a ser, y dispuesto la manera de realizarlo[2]. La raza humana tenía que reproducirse y poblar toda la tierra, cuidarla y gobernarla[3], hasta convertirla en ese vergel que Dios quería que fuera[4]. Y el propósito de Dios para el hombre era que comiese del árbol de la vida y viviera para siempre[5]. Así toda la creación cantaría la magnífica gloria de su Creador[6].

Pero Dios sabía que el hombre habría de desobedecerle[7], atrayendo sobre sí mismo y sobre toda la creación la muerte y un sinfín de otros males[8]. Desde la desobediencia original de Adán y el primer homicidio perpetrado por Caín contra su hermano Abel[9], hasta la culminación del “misterio de la iniquidad” que se nos anuncia en 2 Tesalonicenses 2:7-14, todos los juicios que la humanidad ha sufrido y sufrirá son consecuencia de su pecado y su rebelión contra Dios[10], y es Dios quien los aplica[11]. Como dice Pablo repetidamente en Romanos 1, fue Dios quien entregó al hombre a la inmoralidad por no haberle reconocido a Él[12]. Lo mismo sucede con los juicios que nos han sobrevenido en estos últimos tiempos en forma de terremotos, huracanes, incendios, tsunamis o pandemias, cuyo propósito es incitarnos al arrepentimiento de nuestra impiedad y hacernos volver a Dios por medio de la fe en su Hijo Jesús[13]. Porque Dios no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta y viva[14]; ni tampoco disfruta causándole dolor al ser humano[15]. Fue el propio Jesús quien destacó nuestra necesidad de arrepentimiento para obtener la salvación[16].

Sea cual fuere nuestra respuesta a los juicios que Dios está mandando, su propósito eterno en Cristo Jesús[17], que es la redención de los pecadores arrepentidos y la renovación de la creación entera[18], sigue adelante. Detrás de todo cuanto sucede nos encontramos irremediablemente a Dios[19], “a fin de que el hombre nada halle después de él” [20]. Él es Aquel “que era, y que es, y que ha de venir” a vivir eternamente con los hombres y mujeres redimidos en la nueva creación[21].

La Biblia deja claro que el plan de Dios no era un huerto del Edén perpetuo, y que sus designios no se cumplirían por medio de Adán, sino de Cristo[22]. El propósito eterno de Dios, que no se reveló hasta la venida al mundo de nuestro Señor Jesucristo, su vida como hombre y entre los hombres[23], sus hechos y sus enseñanzas, su muerte y su resurrección, era el de llevar a los seres humanos a ese destino final que es la vida eterna, y a toda la creación a manifestar plenamente la gloria de Dios en el reino de los cielos[24]. Este es el misterio que, como dice Pablo, reveló la venida de Jesús al mundo [25].

Así que, en el relato bíblico, encontramos a Dios “en el principio”[26] creando todo lo que existe, y al final de dicho relato a toda la creación redimida y glorificada[27]. ¡La Biblia es el único libro en el mundo que empieza por el principio y termina por el final![28] Como lo anuncian las voces de los cielos y las palabras de los veinticuatro ancianos que están delante del trono en Apocalipsis 11:15-18, finalmente, “los reinos del mundo [habrán] venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”. Amén. Este es el desenlace del plan de Dios, que tendrá lugar con la segunda venida de Jesús. Entonces Dios hará “nuevas todas las cosas”[29]. Y en realidad, como sigue diciendo el pasaje citado, eso ya está hecho [30]. Porque el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario reconcilió con Dios “todas las cosas […], haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”[31]. Allí se sellaron cada una de las promesas de Dios que componen nuestra esperanza[32] y se garantizó su cumplimiento. Esa será, por tanto, la situación final de la creación y así se cumplirá el propósito que tuvo para ella Aquel que es el Alfa y la Omega, el principio y el fin; el que era, que es y que ha de venir; el primero y el último; el que estuvo muerto y revivió, y he aquí que vive “por los siglos de los siglos y tiene las llaves de la muerte y del Hades”… ¡el Todopoderoso[33]!

Dios no se deleita en crear “las tinieblas” o “la adversidad”. Ni hace sufrir o entristece por gusto al ser humano con sus juicios[34]. No es ningún sádico cruel, ni el autor del pecado, “ni él tienta a nadie”[35]. Dios no creó el pecado, sino al hombre, y lo hizo conforme a su imagen y semejanza. Pero el hombre utilizó mal su libertad[36], haciendo caso omiso de la advertencia de su Creador, y labró su propia ruina quedando preso del pecado[37].

Sin embargo, para llegar a ser todo lo que Dios quiso que fuera, el ser humano debía tener la capacidad de responder voluntariamente al amor divino; es decir, ser libre otra vez. Y para eso vino Cristo[38]. En Jesucristo, por fin, el pecador arrepentido come del fruto de árbol de la vida y vive para siempre, convertido en una nueva criatura[39] apta para habitar la nueva creación. Y es Dios quien ha hecho todo esto en Cristo. Como dice el apóstol Pablo: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo”[40]. Y también: “Al que no conoció pecado, [Dios] por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”[41]. Así que Dios es el que lo ha hecho todo “para que el hombre nada halle después de él”[42].


[1] Génesis 1:26-28

[2] Efesios 1:3-10

[3] Génesis 1:26-29; 2:15

[4] Isaías 35:1-2; 55:12-13

[5] Génesis 2:9, 16-17; 3:22

[6] Romanos 8:18-23

[7] Génesis 3:6

[8] Génesis 3:17-19

[9] Génesis 4:8

[10] Salmo 90:11-12; Romanos 2:4

[11] 2 Tesalonicenses 2:11-12

[12] Romanos 1:24, 26, 28

[13] Isaías 45:22; 1 Pedro 3:18

[[14] Ezequiel 18:23, 32; 2 Pedro 3:9;

[15] Lamentaciones 3:31-33

[16] Marcos 1:15; Lucas 13:3, 5; Mateo 9:13

[17] 2 Timoteo 1:9; Efesios 1:9-11; 3:11; Col 1:20-22

[18] Ezequiel 18:23, 32; Mateo 9:13; Lucas 13:32; Juan 17:1-3; Ro. 8:19-23; Apocalipsis 21

[19] Romanos 1:24, 26, 28

[20] Apocalipsis 8, 10-11, 17-18

[21] Apocalipsis 1:8; 21:3

[22] 1 Corintios 15:22; 1 Pedro 1:18-20; Apocalipsis 13:8

[23] Juan 1:14

[24] Efesios 1:3-14; Colosenses 1:17-20; Mateo 6:10

[25] Romanos 16:25-26; Efesios 3:9; Col. 2:2

[26] Génesis 1:1; Juan 1:1

[27] Apocalipsis 21:1-7

[28] 1 Corintios 15:52

[29] Apocalipsis 21:5-6

[30] Apocalipsis 21:6

[31] Colosenses 1:20

[32] 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 21:1-7

[33] Apocalipsis 1:8; 21:6

[34] Lamentaciones 3:31-33

[35] Santiago 1:13

[36] Eclesiastés 7:29;

[37] Juan 8:34

[38] 1 de Juan 4:19; Juan 8:34-36

[39] 2 Corintios 5:17

[40] 2 Corintios 5:18

[41] 2 Corintios 5:21

[42] Eclesiastés 7:14

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