Bienaventurados los que tienen hambre y sed

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (MATEO 5:6)

Hay una conexión lógica entre las bienaventuranzas.

Cuando veo mi pobreza de espíritu delante de Dios, me pongo a llorar. Y al quebrantarme ante el Señor, me convierto en una persona mansa con una visión bíblica (no humanista) de mí mismo. ¡No soy un campeón! ¡No soy la última coca cola en el desierto! ¡No necesito que el pastor predique sobre la importancia de aumentar mi auto estima! Como bien señaló Arthur Pink: “En el evangelio no hay nada en absoluto que halague el orgullo del hombre”. ¡Tengo un corazón podrido y traidor! ¡Me he rebelado una y otra vez contra el Rey del universo!

Al darme cuenta de que soy un gran hipócrita y traidor, no solamente me sentiré mal por todos mis pecados, sino que desearé estar vestido de una perfecta justicia que me pueda librar del desagrado y la ira de Dios.

La gran pregunta es: ¿existe tal justicia? ¿Es posible que un pecador (como yo) pueda vestirse de ropas limpias y resplandecientes? Pues sí, la buena noticia es que tal justicia existe. Y esta justicia, según el profeta, es “el Señor, justicia nuestra” (Jeremías 23:6; 33:16). Ya que el que me juzga es mi justicia, ¿cómo podré ser condenado?

Gracias a la luz más abundante del Nuevo Testamento, aprendo que esta justicia tiene un nombre concreto: Jesucristo. Escrito está: “Ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:3-4). En palabras sencillas: si creo en el evangelio, Jesucristo se convierte en mi justicia ante Dios.

La justicia de Dios, pues, se llama Jesucristo. Sin embargo, la persona que no es pobre de espíritu, que no llora, que no es mansa está convencida de que su justicia se llama: yo, yo, yo. No se da cuenta de que su justicia es, en realidad, una anti justicia, un auténtico “trapo de inmundicia” que hiede ante la nariz de Dios (Isaías 64:6). Es como el fariseo en el templo que se gloría en lo que él es y en lo que él ha hecho y no en la justicia de otro (de Cristo).

El publicano, en cambio, bien consciente de su maldad, no quiere ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpea el pecho diciendo: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). ¿Y qué dice Cristo? “Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el fariseo” (v. 14). ¿Por qué? Porque la justicia del fariseo era el fariseo; pero la justicia del publicano era Dios, o más específicamente, Jesucristo.

En suma, como preguntó William Hendriksen: “¿Cómo se satisface plenamente esta hambre y sed de justicia?” La respuesta es: “Por la imputación de los méritos de Cristo”. Gloria a Cristo por haber quitado todo nuestro pecado. Y gloria a Cristo por habernos arropado de su túnica de muchos colores. Él es nuestra justicia.

Hoy, si tienes hambre y sed de justicia, Jesucristo (el que no miente) te promete que serás plenamente saciado.

¡Levanta tus manos! ¡Dirige tu mirada al cielo! ¡Alaba a tu Salvador!

Bienaventurados los que tienen hambre y sed justicia, porque ellos serán saciados.

Pastor Will Graham – Almería

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4 comentarios sobre «Bienaventurados los que tienen hambre y sed»

  1. Saludo pastor Will por compartir la palabra de Dios y esa hermosa reflexión nuestra Justicia es nuestro señor Jesucristo Amen

  2. Buen día. Hermano una pregunta, he estado siguiendo el estudio de los atributos de Dios, el cual ha Sido de gran bendición para mi vida. Y tengo una duda en cuanto a la doctrina de la predestinación. Cuál es el propósito de la oración de intercesión? O el fin?.. es decir, por ejemplo acabo de recibir en telegram un artículo sobre Chuck Norris y que «fue a los pies de Cristo gracias a las oraciones de su madre», aquí como puedo yo entender esto. Si el Señor nos ha elegido ya desde antes de la fundación del mundo, cuál es el propósito de la intercesión? De todo corazón hago esta respuesta esperando con el simple propósito de que al orar tenga certeza en mi corazón de hacerlo correctamente delante de Dios. Y también preguntarle, precisamente ahora que hemos tenido este precioso estudio de los atributos y he conocido está doctrina de la elección… Porque la conozco y la acepto puedo decir que soy salva? Cómo puedo tener seguridad de la salvación sabiendo que tal vez también puedo no ser de los elegidos? Cómo puedo yo tener esta seguridad? Gracias por su tiempo y su atención, Dios siga bendiciendo grandemente su ministerio para gloria y honra de su nombre.

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