¿Por qué el tema del ‘matrimonio gay’ tiene que separar a las iglesias verdaderas de las falsas?

P𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘷𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘺𝘢 𝘣𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴, 𝘢 𝘧𝘪𝘯 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘮𝘢𝘯𝘪𝘧𝘪𝘦𝘴𝘵𝘦𝘯 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘷𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘰𝘯 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘣𝘢𝘥𝘰𝘴 (1 Corintios 11:19).

Cuando escuchas a un pastor cristiano hablar fuertemente en contra de la promoción de la perversión sexual en la cultura a través de la redefinición del matrimonio, la promoción gubernamental del mes del orgullo gay, la enseñanza de la ideología de género en las escuelas del estado, etc., ¿cuál es tu respuesta? ¿La franqueza del pastor sobre este tema te irrita o te avergüenza? ¿Temes que todos los que lo escuchen verán a los cristianos como homófobos o como legalistas farisaicos? Parece que muchos cristianos profesantes piensan así. Pero, ¿tal reacción proviene de una forma de pensar moldeada por la enseñanza de la Palabra de Dios? ¿O proviene de una forma de pensar moldeada por las normas sociales de una cultura altamente secularizada que odia la confrontación y tolera cualquier cosa menos las declaraciones fuertes y dogmáticas sobre la verdad absoluta y la moralidad?

Estoy convencido de que todos los cristianos debemos entender que no hay forma posible de que la iglesia comunique el evangelio de Cristo sin tener el coraje y la audacia de confrontar a la cultura acerca de sus pecados, porque la cultura ahora se encuentra en muchos puntos en feroz oposición a la verdad absoluta y la moralidad reveladas en la Palabra de Dios; por tanto, la confrontación es inevitable. Una iglesia que no está dispuesta a confrontar las mentiras con la verdad no puede comunicar clara y fielmente el evangelio de Cristo. El apóstol Pablo no evitó confrontar la cultura pagana de su época con respecto al pecado de la idolatría (Hechos 14:15, 17: 24-25, 39). Aquellas iglesias que se niegan a confrontar la cultura se conforman inevitablemente con la cultura a través de su silencio culpable; se niegan a tomar una posición a favor o en contra de las normas morales cambiantes, y esto debe conducir, al final, a la apostasía de la fe.

Es por esta razón que el tema del llamado «matrimonio entre personas del mismo sexo» debe necesariamente dividir a las iglesias. Es necesario que haya una separación entre las iglesias que están dispuestas a confrontar la cultura sobre el pecado de pervertir la institución del matrimonio y las que no lo están. La no confrontación conduce a la aceptación, y la aceptación implica la apostasía de la fe apostólica y bíblica. ¿Cómo van a caminar juntas las iglesias que son fieles en proclamar públicamente las enseñanzas de Dios sobre el matrimonio y el sexo, y las que no lo son?

Si uno cree en la enseñanza de las Escrituras, entonces tiene que estar de acuerdo en que, desde una perspectiva bíblica, está totalmente prohibido que los hombres redefinan la institución del matrimonio, violando así la enseñanza inequívoca de ambos Testamentos con respecto al diseño de Dios para la “unión de una sola carne”. Una definición modificada del matrimonio apunta a un cambio más fundamental en la cosmovisión religiosa. Dice mucho sobre lo que uno cree acerca de Dios, Cristo y la Biblia.

Es por eso que el tema del «matrimonio homosexual» no es un tema secundario, un tema sobre el cual los verdaderos cristianos pueden «estar de acuerdo en no estar de acuerdo».  Este no es un «debate interno» entre hermanos que comparten la misma fe. ¡De ninguna manera!  Este es más bien un tema que separa a Cristo de Baal, y a los Elías de Dios de los sacerdotes de Baal.  Este es un tema que va al corazón mismo de lo que distingue el verdadero cristianismo apostólico del Gnosticismo moderno– la herejía que Peter Jones llama “One-ism” (Unismo): la adoración panteísta de la Naturaleza misma como divina.  

Según los “Unistas”, toda la realidad es esencialmente una; el universo en constante evolución es la manifestación visible del ser de Dios, y nosotros mismos no somos más que ondas temporales que surgen de la Fuente eterna del ser y rápidamente se disuelven.  Las diferentes religiones son caminos diferentes, pero igualmente válidos para ponerse en contacto con la esencia divina interior de uno mismo.  Por lo tanto, todas las sexualidades aparentemente diversas — hetero-, homo-, bi-, poly- etc. al igual que la variedad de religiones del mundo, son todos caminos igualmente “sagrados” de la sexualidad humana, todos los cuales deben ser expresados y todos celebrados y bendecidos por bodas celebradas en las iglesias.  Después de todo, dice el Unista, si la Naturaleza misma es sagrada y divina (no creada y caída, como afirma la Biblia), entonces cualquier deseo sexual que surja espontáneamente en el corazón humano también debe ser considerado como sagrado y divino, y debe ser celebrado, no reprimido o condenado por la iglesia.

Pero esto no es más que afirmar las herejías Gnósticas que fueron condenadas ya hace mucho tiempo por la iglesia, porque el Gnosticismo sustituye el robusto teísmo de la Escritura por un monismo panteísta que desdibuja la distinción entre el Creador y la creación. Esto lleva a los hombres a deificarse a sí mismos y asumir la santidad de todos sus deseos «profundos», como si estos tuvieran su fuente dentro del corazón sagrado del Cosmos, y por tanto,  manifestan algo de la Fuerza divina detrás del universo. Por lo tanto, el «Unista» es conducido a servir a la criatura, en lugar del Creador, al servir a sus propios deseos internos con el pretexto de que al hacerlo, está expresando su propia «deidad interior» y dando expresión al Divino Ser interior.  El servicio del yo y el servicio de Dios se equiparan así; se supone que encontrar a tu verdadero Ser es encontrar a Dios, expresar tus deseos más íntimos es expresar la imagen divina en ti; ser fiel a tu Ser es, por lo tanto, lo mismo que ser fiel a Dios, encontrar a Dios y adorar a Dios.  

Sin embargo, según las Escrituras, la realidad en su esencia más básica no es Uno, sino Dos.  El cristianismo es dualista, porque afirma que hay dos realidades básicas que tenemos que reconocer cuando nos preguntamos  ¿qué es la realidad en su esencia fundamental?  Primero, está el único Dios verdadero, eterno, vivo, y personal, infinitamente sabio y poderoso.   El ha revelado Su voluntad moral para la humanidad de forma infalible, inmutable y sin error en las Sagradas Escrituras, dadas por inspiración divina.  Luego está todo lo demás, la creación de Dios, de la cual somos parte.  Como meras criaturas de Dios, somos totalmente dependientes de nuestro Creador Trino para nuestra vida, existencia y conocimiento, y estamos llamados a adorarlo y servirle solo a Él. (Véase, 𝘛𝘩𝘦 𝘖𝘵𝘩𝘦𝘳 𝘞𝘰𝘳𝘭𝘥𝘷𝘪𝘦𝘸: 𝘌𝘹𝘱𝘰𝘴𝘪𝘯𝘨 𝘊𝘩𝘳𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢𝘯𝘪𝘵𝘺´𝘴 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵 𝘛𝘩𝘳𝘦𝘢𝘵 , by Peter Jones, Kirkdale Press, Bellingham, WA, 2015).

Dios ha revelado claramente en las Escrituras Su plan divino para la unión de dos personas como  «una sola carne», y ese plan es exclusivamente heterosexual, involucrando a un hombre y una mujer cuya relación debe reflejar la relación de Cristo y la iglesia.

El plan de Dios para el matrimonio se puede resumir así, pues: un hombre, una mujer, para toda la vida.  Todas las demás formas de matrimonio que los hombres inventan son contrarias al diseño de Dios, y las iglesias nunca deben reconocerlas, y mucho menos celebrarlas.  Aquellas iglesias que lo hacen, abrazando oficialmente una definición anti-bíblica del matrimonio y declarando «sagradas» las uniones de una sola carne que Dios prohíbe, manifiestan así un espíritu apóstata; tales casas de adoración no deben ser consideradas por el pueblo de Dios como casas de Dios, sino que tristemente deben ser vistas como sinagogas de Satanás, donde los adoradores están siendo sistemáticamente engañados por líderes ciegos que sustituyen «doctrinas de demonios» por la verdad de Dios; tal delirio que llena los corazones de los hombres conducirá trágicamente a la implacable desgracia y remordimiento que caerá sobre las multitudes en el Día del Juicio.

Este es un tema que se encuentra en el corazón mismo del evangelio, porque ¿qué es el evangelio sino la historia de cómo un Novio dio su vida para redimir a su pareja complementaria, su novia, para hacerla suya para siempre?  Cualquier «matrimonio» terrenal que no esté modelado conforme al matrimonio celestial de Cristo y la iglesia no refleja el evangelio, y por tanto, no es de Dios.  El matrimonio sin una novia y un novio no es ni puede ser considerado como un matrimonio, definido bíblicamente.

𝗖𝗢𝗡𝗖𝗟𝗨𝗦𝗜Ó𝗡


Aunque he hablado fuertemente en contra del pecado de pervertir la ordenanza divina del matrimonio, que nada de lo que he dicho sea calumniosamente equiparado al odio a las personas que están atrapadas en el pecado de la homosexualidad.   Por el contrario, lo más amoroso que se puede hacer por tales personas es hacerles saber que no tienen que continuar en su estilo de vida actual, sino que de hecho pueden ser liberados de hábitos pecaminosos, redimidos de todos sus pecados y maravillosamente transformados en nuevas creaciones por la gracia del Señor Jesucristo.  Esto fue lo que sucedió con los miembros de la iglesia de Corinto.  Aunque algunos de ellos habían practicado el pecado de sodomía antes de venir a Cristo, Pablo dice: «Pero fuisteis lavados, santificados, fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6:11).

De esto aprendemos que, si una persona que ha estado involucrada en el pecado de la sodomía nace de nuevo por la gracia de Dios, se transforma en una nueva creación.  Recibe una nueva identidad, y su orientación sexual básica— definida, no en términos psicológicos sino en términos bíblicos y morales como la DIRECCIÓN en la que se mueve la vida sexual– , también es alterada o cambiada fundamentalmente, porque la persona que ha nacido de nuevo ya no anda en la anarquía de la impureza sexual desenfrenada; al contrario, procura andar en santidad por amor a Cristo, glorificando a Dios con su cuerpo.  Este es el «giro» o cambio de orientación que ha ocurrido en su vida sexual.   Los cristianos pueden tener muchas luchas con deseos desordenados que surgen de la “carne”—el remanente de la naturaleza caída que permanece en los cristianos aún después de nacer de nuevo—pero los que han nacido de nuevo buscarán mortificar (poner a la muerte) las lujurias pecaminosas que les asaltan a través del poder del Espíritu que mora en ellos.   No andarán dando rienda suelta a las lujurias de la carne de modo desenfrenado.  Lucharán y demostrarán que son «mas que vencedores,» por medio de aquel que los amó, como la Biblia afirma (Romanos 8.37).

Una nueva vida espera a todos los que vienen a Jesucristo en arrepentimiento y fe, atraídos por Su amable invitación a abrazar la luz de la verdad y a entrar en la vida de comunión con Dios y con los santos de Dios, una vida empoderada por el Espíritu. ¡Esta es la “vida en abundancia” de la que Jesús habló, una  vida que es sobrenatural en su fuente y eterna en su carácter y duración!

Pastor Martin Rizley

Martin Rizley: November Ministry Update from Málaga, Spain | HeartCry  Missionary Society
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3 comentarios sobre «¿Por qué el tema del ‘matrimonio gay’ tiene que separar a las iglesias verdaderas de las falsas?»

  1. Dios viene a buscar sus verdaderos hijos y hijas por eso esta pandemiia Dios está viendo los verdaderos pastores y la verdaderas Iglesias ya que su venida cada día está más cerca

  2. Aunque todo el mundo piense, suponga y establezca normas diferentes a lo que la Palabra de Dios ordena declara y establece, siempre siempre y por siempre se debe obedecer a lo que Dios nos ha dejado escrito. Elucubraciones y pensamientos e ideas erradas a la voluntad Divina deben ser rechazadas y abrazar los
    Mandamientos Divinos enójese quien se enoje y se incomode quien se incomode. Ya lo dijo el apóstol “Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres”. Bendiciones

  3. Creo que es inevitable tener que confrontar cuando hablamos la verdad de Dios. Dios y su verdad es y debe ser primordial, mismo cuándo corramos el riesgo de ser rechazados o mismos calumniados por los incrédulos.
    Es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres.

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