Es saludable, necesario y urgente creer en el diablo – Juan Sánchez Araujo

Lo que está sucediendo hoy en día en la sociedad, y de manera especial en este mundo occidental del que formamos parte, es incomprensible sin reconocer el origen espiritual que tiene. El auge de algunos movimientos minoritarios, con ideas y prácticas absolutamente inhumanas, antinaturales y estrafalarias, las cuales difunden conquistando las mentes de las personas, trastornando el sentido común de la opinión pública e incluso logrando hacerse con el poder político, no se entiende sin una fuerza sobrenatural capaz de convencer a la gente de que lo malo es bueno, la luz es tinieblas y lo amargo es lo verdaderamente dulce[1].

Y cuando los extraordinarios resultados que obtienen quienes promueven tales ideas y prácticas los consiguen mintiendo abiertamente, sin ningún pudor, infringiendo las leyes, no respetando las instituciones ni constituciones de los países, o desobedeciendo las decisiones de los más altos tribunales de justicia —premiando a los criminales y atropellando los derechos de las víctimas—, uno no puede por menos de pensar que detrás de ellos se encuentra el “gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”[2].

Las sucesivas derrotas en el tablero de la política de aquello que es razonable, justo y bueno, a manos de los comparativamente pocos —pero osados— promotores de “nuevos valores” tales como el aborto, la ideología de género, la desigualdad ante la ley que supone la discriminación positiva de un sexo respecto del otro, o la patria potestad del Estado sobre nuestros hijos[3], nos traen a la mente a ese tipo del anticristo del que nos habla el profeta Daniel, el cual iba a hacerse con las fortalezas más inexpugnables por medio de un Dios al que sus padres no habían conocido (Daniel 11:37-39). ¿Hay acaso algún poder humano capaz de lograr tan “buenos” resultados en contra de toda verdad, justicia, sensibilidad, bondad o sensatez?

Intentar hacer frente a la riada de iniquidad y mentira que nos asola[4] únicamente con las armas de la política o el derecho, cuando sus promotores no respetan ni la verdad ni la justicia, solo nos llevará a la frustración y a devolver mal por mal y maldición por maldición, lo cual no es propio de nosotros[5]. Tampoco es posible mantener un diálogo sincero, ni un debate leal y razonable con los que están acostumbrados al engaño y al uso de todo tipo de subterfugios para conseguir lo que quieren.

No nos engañemos, este mundo no se puede cambiar; ni siquiera nos es posible devolverlo a mejores tiempos —al menos de forma duradera— aunque nos entreguemos en cuerpo y alma a procurarlo. Y ello por dos razones: la primera es que no es esta nuestra función como cristianos en este mundo[6]; y la segunda, porque no es el propósito de Dios el ir mejorando el mismo hasta que sea perfecto[7]. Eso se queda para el reino de Dios que Jesús predicó[8] y por cuya venida nos enseñó a orar[9].  Si bien —como sal que somos[10]— podemos contribuir en cierta medida a frenar por algún tiempo la degeneración progresiva del hombre y de la sociedad humana[11] o la destrucción del medio ambiente[12], no está en nuestra mano, ni es el propósito de Dios, que seamos nosotros quienes transformen el mundo de manera permanente en algo mejor (¡menos aún en algo perfecto!). Eso solo puede hacerlo Él.

Lo que sí requiere Dios de nosotros es que seamos luz para este mundo[13]: reflejando a Jesús[14], anunciando “lo perfecto”[15] que está por venir, y congregándole a todos aquellos que han sido “ordenados para vida eterna”[16] y que formarán parte de esa nueva humanidad que ha de poblar la nueva Creación de Dios[17]. Para esto sí somos competentes por el poder del Espíritu Santo[18], y las herramientas de la oración, la predicación del evangelio de Cristo y el resto de la panoplia cristiana[19], son “poderosas en Dios” para destruir esas fortalezas que otro sigue levantando contra el conocimiento de Dios, y para llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”[20].

La única esperanza para este pobre, desgastado, envilecido y maltrecho mundo sería que volviera a poner al Creador, Soberano, Juez y Redentor en el lugar que le corresponde[21]. Lo cual no parece que vaya a suceder[22], toda vez que ha renegado de la fe en la primera venida de nuestro Salvador, de sus enseñanzas, sus milagros, su muerte vicaria y su resurrección por nosotros[23], y se burla del anuncio de que volverá por segunda vez en gloria… esta vez como Juez[24].

Tal y como están, las cosas solo pueden ir a peor, aunque haya claros en medio de la tormenta, y los juicios de Dios sobre este mundo seguirán sucediéndose hasta el final mientras el hombre continúe en su incredulidad, impiedad y rebelión contra Él[25]; desobedeciendo sus mandamientos y ordenanzas[26], destruyendo sus instituciones[27] y quebrantando el orden por Él establecido con el cual se mantiene el equilibrio en el universo[28]. Podríamos pasarnos la vida entera podando las ramas del árbol malo[29], intentando erradicar uno a uno los malos hábitos y los delitos de los hombres y de la sociedad, peleando contra cada ley injusta o perversa que se promulga, y no obtener ninguna solución eficaz ni definitiva.

Dejemos, pues, de poner la esperanza en que obtendremos aquello que Dios no nos ha prometido y reconozcamos que nuestra lucha no es contra sangre y carne[30]. Es algo saludable, necesario y urgente para nosotros mismos y para los que nos rodean que creamos en el diablo.

Juan Sánchez Araujo


[1] Isaías 5:20

[2] Apocalipsis 12:9; Juan 8:44

[3] Salmo 127:3

[4] Isaías 59:19

[5] 1 Pedro 3:9

[6] Mateo 5:14-16; Juan 17:14-19

[7] 2 Pedro 3:13; Isaías 34:4; Mateo 24:29-41; Apocalipsis 6:12-17; 21:1-8

[8] Marcos 1:14-15

[9] Mateo 6:9-11

[10] Mateo 5:13

[11] 2 Timoteo 3:1-5

[12] Apocalipsis 11:18; Romanos 8:19-19-21

[13] Mateo 5:14-16

[14] Juan 8:12

[15] 1 Corintios 13:9-10

[16] Isaías 43:5-8; Juan 3:36; 5:24; 6:47; Hechos 13:48

[17] Mateo 5:3-12; Romanos 8:19-23; 2 Pedro 3:13;1 Juan 3:2

[18] 2 Corintios 3:6

[19] Efesios 6:10-18

[20] 2 Corintios 10:3-5

[21] Romanos 1:28-32

[22] 2 Timoteo 3:13

[23] Romanos 4:25

[24] Mateo 24:24-44; 25:31-46

[25] Salmo 2:1-5

[26] Mateo 28:18-20

[27] Mateo 19:4-6; Salmo 127:3;

[28] Salmo 2:1-5; Romanos 13:1-7

[29] Mateo 7:17-20

[30] Efesios 6:12

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Un comentario sobre «Es saludable, necesario y urgente creer en el diablo – Juan Sánchez Araujo»

  1. Hola muy buenas,

    Yo simplemente quería decir que me sabe muy mal los ataques que está recibiendo Will Graham por parte de algunos YouTubers católicos como José Plasencia y Santiago Alarcón. Creo que se están equivocando, y también creo que es más importante el amor al prójimo que cualquier otro detalle teológico. No sé, es como vender la moto para comprar la gasolina, no sé si se me entiende. Quiero aclarar que soy cristiano, católico y practicante, pero no por ello tengo que detestar a al hermano Will Graham, yo no concibo ese comportamiento para un seguidor de Cristo. El evangelio es claro al respecto. Sólo añadir que me gusta mucho leer su Blog y también su canal de Youtube. Ojalá cesen pronto los vídeos de YouTube intentando atentar contra su persona.
    Un saludo desde Barcelona. Bendiciones.

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